miércoles, 12 de octubre de 2016

LA BUFA

                   
    En nuestro pueblo, como en todo pueblo salmantino que se precie, antiguamente  existían  muchas tradiciones y, aunque en la actualidad aún subsisten algunas,  muchas ya han desaparecido persistiendo, únicamente, en nuestro recuerdo.
   Toda tradición tiene una justificación, o  una razón de ser que, casi siempre, es fácil de comprender. Veamos unos ejemplos: En épocas de sequía se hacían rogativas  para que lloviese, y,  para quienes son creyentes, estaban muy justificadas. Si el agua viene del cielo, y Dios es el rey de los cielos ¿a quién rogar si no para que llueva?  Otro ejemplo lo tenemos en La Enramada, una  costumbre  que consistía en colocar ramos de flores en las ventanas y balcones de las chicas la noche de San Juan; en este caso, el fin que pretendía cada mozo, poniendo el ramo, en la ventana de una moza concreta, era para demostrarle que era de su gusto y estaba interesado por ella.  
   Al lado de estas tradiciones, cuya existencia tenía un objetivo más o menos clara, había otras cuya justificación es difícil de explicar y cuyo su origen se remonta, casi siempre,  a la noche de los tiempos. Una de ellas es La Bufa.
    Ésta, se realizaba en determinadas bodas, cuando uno o ambos cónyuges eran viudos: “Llegada la noche, una vez que los novios lograban escapar de los invitados, se retiraban al tálamo nupcial.  Entonces, los invitados, que de antemano sabían en que casa iba a pernoctar el nuevo matrimonio,  se dirigían a la misma provistos de cencerros y plantándose ante ella les dedicaban una sonora cencerrada. En ocasiones, además de tocar los cencerros, hacían una hoguera  delante de la casa, en la que quemaban pelos, cuernos, excrementos de vaca...con el fin de que todo ello desprendiese un olor pestilente”. Éste ritual era conocido como La Bufa.
   El fin que se perseguía con este antiquísimo rito (ruido y un fuerte olor desagradable)  era ahuyentar  al espíritu del cónyuge muerto  para que  dejase en paz a los nuevos cónyuges, durante esa noche, con el fin de que  éstos pudieran consumar felizmente su matrimonio  pues,  por el hecho de haber contraído nuevas nupcias, el espíritu, lógicamente, estaría irritado por “la infidelidad” de su ex pareja viva, e intentaría, por todos los medios, impedir que el matrimonio cumpliera “las tareas de cama”  propias de una noche de bodas ( entonces, hasta que no estaba uno casado, no había forma de  ******).
   Esta costumbre, que en sus inicios, no sabemos cuando, pudo tener un fin serio (en esencia se trata de un auténtico ritual de magia para ahuyentar espíritus), con el tiempo fue perdiendo su significado inicial y  persistió, simplemente, como un divertimento más en el que los novios acaban convertidos en víctimas. Unos novios que, en su afán por evitar la cencerrada, seguramente se esforzaban al máximo en guardar en el más absoluto secreto el sitio donde iban a pasar la noche de bodas, prefiriendo entendérselas ellos solitos con el espíritu del muerto (seguramente estarían tan ocupados aquella noche, que ni se acordaban de este).
   La cencerrada no era "privilegio" exclusivo de viudos, también podían recibirla aquellos novios forasteros que no hubiesen pagado "el vino" a los mozos del pueblo, como mandaba la tradición; aunque, en este caso, el asunto carecía de magia alguna, tratándose, simplemente, de una venganza ante el novio tacaño.
   Aunque la cencerrada a los novios, y la hoguera, constituían el aspecto más esotérico  de la Bufa, el ceremonial era mucho más amplio.
   Las bodas en las que uno o ambos contrayentes era/n viudo/s, casi siempre se realizaban con la máxima discreción y, a menudo, la celebración se limitaba exclusivamente a la ceremonia religiosa que era muy austera  pues a ella asistían, únicamente, los novios y los padrinos.
   La fecha de la celebración se mantenía en el más absoluto secreto, y era muy común que el enlace matrimonial tuviera lugar  antes del amanecer, a las cinco o seis de la mañana, para evitar ser vistos por el resto del paisanaje; algunos, incluso iban más allá y decidían casarse en algún pueblo vecino, o en la ciudad, buscando una mayor  intimidad.
   Otros novios, en cambio, no eran partidarios de tanto secretismo, estaban muy contentos por haber encontrado un novio/a  para rehacer una vida en pareja, y festejaban su nuevo matrimonio por todo lo alto, convirtiéndose la jornada de la boda en un auténtico jolgorio.
  En estos casos, era habitual que al salir los novios de la iglesia, una vez casados, encontraran a la puerta de ésta un carro engalanado que era empujado por los propios invitados, en el que debían subir y con el que eran conducidos a lo largo del día, a todos los lados (actualmente, para estos menesteres, algunos novios alquilan lujosas   limusinas. Quién sabe si la idea la tomarían de estos sencillos carros de trabajo que, en tiempos pretéritos, se empleaban en las bodas de viudos).  
  El hecho de ser llevados a todos los sitios en un carro engalanado tirado por los propios invitados, en un primer momento podríamos considerarlo un auténtico honor y una muestra de afecto hacia los novios; pero,  según iba discurriendo  el día, tras el convite, la comida, el baile, el vino y los licores… el asunto de los novios llevados en el carro, tirado por los invitados, iba degenerando y esto acababa la mayoría de las veces convirtiéndose en un auténtico pitorreo (en una bufa), no siendo raro que el carro, con los novios encima, acabara dentro de alguna charca cercana (Sabiendo esto,  es fácil entender por qué la mayoría de los viudos prefería casarse a escondidas para evitar estas “celebraciones”).
   Actualmente,  la Bufa no se hace. Si es penoso que  en los pueblos muchas tradiciones hayan desaparecido; ésta, personalmente, creo que no hemos de añorarla. Cada uno es muy libre de emparejarse con quien le plazca sin que una algarabía de cencerros proclame a los cuatro vientos que eres viudo.
   Eso sí, si a pesar de todo alguien desea recibir una cencerrada en su boda, y ser paseado en un carro, que lo diga y verá cumplidos sus deseos. Todo sea por la tradición


                                             

4 comentarios:

  1. Desde luego no es una tradición para conservar. He oído que esto se lo hicieron a unos casados en Guadramiro, lo que no sabía es que se llamara la bufa.
    Un saludo.

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    1. Estoy totalmente de acuerdo en que esta tradición no es para conservarla. Y sí, se hacía en todos los pueblos. Si rebuscamos un poco, aún encontramos gente mayor que participó o presenció alguna cencerrada.

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  2. Cuánto aprendemos, José, con los temas que nos vas regalando. Cuántas historias curiosas, cuántas costumbres olvidadas. Qué diferencia de esa costumbre de "la enramada" que comentas a los tweets o wassapps de ahora que se intercambian a diario los jóvenes.
    Mira por donde, aunque sea después de 16 años, más vale tarde que nunca, vienes a llenar un hueco en nuestro apartado TRADICIONES, concretamente en el enunciado CENCERRADA, vacío hasta ahora que lo llenas tú con LA BUFA. Gracias

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  3. Los tiempos cambian mucho, sí. Yo tampoco me imagino ahora a uno de los jóvenes actuales cantando tímidamente a la ventana de una chica.

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