jueves, 23 de noviembre de 2017

Magia y esoterismo en torno a la matanza del cerdo
                                                                         
    
   La relación que mantienen el hombre y el cerdo se remonta, en Europa, a varios milenios atrás,  cuando nuestros antepasados lograron domesticar a este pariente del jabalí; una relación que dura hasta hoy, en la que el puerco siempre ha llevado la peor parte.
   No sabemos, con certeza, a partir de qué época el cerdo pasó a ser un animal domestico,  algunos  estiman que esto ocurrió hace más de 6000 años; lo que sí  sabemos es que los celtas, hace unos 3000 años, ya andaban por aquí y la carne de cerdo formaba parte de su dieta habitual.

   Hoy día, la existencia de  la cadena de frío, y la rapidez de los transportes, permite conservar los alimentos durante mucho tiempo y transportarlos a grandes distancias, sin que se estropeen; gracias a ello, incluso en los lugares más apartados, disponemos, a lo largo de todo el año, de  los más diversos productos : carne, pescado, vegetales… , tanto frescos como congelados; pero, hasta mediados del siglo pasado, las comunicaciones eran bastante malas - en nuestra comarca, en particular, podríamos catalogarlas de pésimas - , y la cadena de frío era prácticamente inexistente;  por ello, la posibilidad de transportar productos frescos a los pueblos y almacenarlos, para poder consumirlos más tarde, era una opción inexistente. Este hecho condicionó que, en el medio rural, a lo largo de los siglos, la alimentación se basara en una economía de autoabastecimiento: los alimentos que se consumían en cada lugar, eran los que se producían allí mismo.
   Las familias sembraban cereales y elaboraban su propio pan; del  huerto obtenían patatas, verduras, legumbres,  fruta…; de las vacas, cabras y ovejas obtenían leche, con la cual elaboraban quesos; las gallinas proporcionaban los huevos...
   Comer pescado fresco,  al estar lejos de la costa,  no estaba a nuestro alcance y, por lo tanto, el que consumíamos debía estar procesado para permitir su conservación a largo plazo: bacalao en salazón, chicharros o palometas en escabeche, que llegaban  envasados en barriles de madera, sardinas en lata…
    En cuanto a la carne, comíamos pollo,  cordero, cabrito,  ternera y animales de caza; pero sólo podían ser  consumidos en fresco y en ocasiones muy concretas; ya que, al no haber congeladores y neveras, no podían conservarse más allá de uno o dos días.
   Esta imposibilidad de conservar la carne, para un ulterior consumo, fue el motivo por el que, a lo largo del tiempo, la principal fuente de proteínas animales, con que se alimentaron   nuestros antepasados, hasta no hace mucho tiempo,  fuera, básicamente, la carne de cerdo que era consumida por las familias, durante todo el año, casi a diario, con el  cocido y/o en forma de  embutidos,  jamón…

   El hecho de que la carne del puerco (marrano, cochino, cerdo, guarro, gocho…)  haya sido uno de los pilares básicos  de nuestra dieta, hasta fechas relativamente recientes,  no obedece a la casualidad;  se ha debido a la suma de dos hechos: a) el marrano es un animal fácil de alimentar  -come de todo-,  y b) su carne, una vez  procesada en forma de chorizos, salchichones, morcillas, jamones, lomos, tocino, panceta, manto…permite su conservación , sin necesidad de frío, a lo largo
jamonibericodeguijuelo.es
de todo el año.
   Hemos de agradecer a este orondo animal, el haber sido nuestra principal fuente de proteínas animales durante siglos, cuando no milenios. Esto es lo que le hizo decir a    Gregorio Marañón que “la carne de cerdo ha salvado más vidas que la penicilina”, y no le faltaba razón. 
  
   El poder disponer de carne de cerdo, durante todo el año, tenía una importancia económica enorme en las familias rurales. Éstas, al llegar la primavera, adquirían uno o más lechones, dependiendo de lo numerosa que fuera la familia, que eran cebados en cuadras hasta bien avanzado el otoño, cuando empezaban a ser sacrificados. 
   El periodo de las matanzas domiciliarias, generalmente, duraba  hasta finales de enero para hacerlas coincidir con la época más fría del año;  ya que éste es el ambiente más favorable para el procesado de la carne.  
  Aquellos que tenemos cierta edad, aún recordamos cómo muchas mañanas invernales, al  amanecer, éramos despertados por los fuertes chillidos que emitían los cerdos  mientras  eran sacrificados en los tajos o banquetas a manos del matarife; un acto con el que daba inicio al ritual de las matanzas domiciliarias, que tan comunes eran entonces. Mas no es mi intención comentar aquí los pormenores del sacrificio del cerdo, sino recordar una serie de tradiciones y  ritos extraños, que se realizaban, o transcurrían en torno a las matanzas.
   Entre estas costumbres  o actos, un tanto singulares, encontramos ritos  mágicos,  dirigidos  a los dioses o espíritus benignos,  para que protegieran los productos derivados de la matanza y evitar que éstos se estropearan, supersticiones,  y "otras prácticas" que, a pesar de ser fruto, exclusivamente,  de la condición humana,  curiosamente, a veces, se nos antojan aún más raras que las anteriores.
   Tras este largo preámbulo,  paso a recordar algunas de estas costumbres,  esotéricas  y  no esotéricas, que se realizaban, o transcurrían, en torno a la matanza del cerdo

a)  Época del año  para hacer matanza

 Yo, cuando era niño, no entendía muy bien por qué había que matar a los cerdos en pleno invierno ya que, durante esos días,  pasábamos un frío tremendo realizando las labores propias de la  matanza. Me resultaba extraño que se eligieran unas fechas tan hostiles, climáticamente hablando. 
Cuando lo pregunté, alguien me lo explicó y llegué a la conclusión de que obedecía al sentido común y tenía poco de esotérico.
 El hecho de que se sacrifiquen los cerdos en la época más fría del año  (finales de otoño  y comienzo del invierno) es debido a que un ambiente frío es el ideal para conservar y procesar la carne;  por ello,  antes, cuando aún no existía la cadena de frío, era necesario hacer coincidir la matanza con la época más gélida del año. 
 Además de conservar la carne, otro elemento a favor para hacer la matanza en esta época es que, a estas alturas del año, gracias al frío, habían desaparecido casi todos los insectos, especialmente las moscas de la carne y similares,  que pueden malograr la chacina (esto antes era así, cuando los inviernos eran largos y fríos y no asistíamos a un cambio  climático tan marcado, como al que tenemos actualmente).
   Otro hecho a favor de matar los cerdos, a estas alturas del año, es que las labores otoñales de siembra ya habían finalizado y la gente disponía de más tiempo para estos menesteres.
   
b) Elección del día de la semana para hacer la matanza

Una costumbre muy arraigada, era evitar hacer la matanza en martes o en domingo.

Evitar matar el cerdo en domingo tiene  una clara influencia religiosa;  para los cristianos, el domingo es el “Día del Señor” y hay descansar; es día de vestirse de fiesta e ir a misa a cumplir con el precepto. Luego, o se mataban los cerdos, o se iba a misa, esa era la cuestión. 
Antes, cuando vivíamos con la constante amenaza de ir de patitas al infierno, si éramos malos, uno de los “signos externos de maldad”, desde el punto de vista religioso, era, precisamente, laborar los domingos y fiestas de guardar; por ello, no estaba bien visto trabajar ese día de la semana  -si Dios descansó el domingo, nosotros, pobres mortales, estábamos "obligados" a hacerlo también- .
En los pueblos, algunos curas se enfadaban mucho con aquellos que decidían hacer la  matanza en domingo; y también con quienes segaban, araban,  sembraban,  trillaban… éste día de la semana (Debían pasarse casi todo el año enfadados, ya que muchas de las labores del campo  no permiten el descanso dominical)

 Evitar hacerlo los martes. Esto, obedece a la superstición. En  nuestra cultura, mucha gente siempre ha considerado que el martes es el peor día de la semana ya que es “cuando más desgracias ocurren”; por ello, no es recomendable  emprender ningún negocio o empresa importante este día.
 La carne del cerdo, como tenía una importancia económica  vital en las familias rurales; muchas de ellas, para no  correr riesgos innecesarios, evitaban hacer la matanza este día de la semana. Ya lo dice el refrán: “el martes, ni te cases ni te embarques” -versión de las zonas costeras-. “El martes, ni te cases, ni mates”-versión de las tierras de interior-. 
 Existen varias teorías que intentan justificar la superstición de que el martes es un día aciago, (sobre todo si cae en 13).  Algunos consideraban que, al ser un día consagrado a Marte, el dios de la guerra en la mitología romana, cualquier empresa que se emprendiera ese día tenía pocas posibilidades de acabar pacíficamente. 
Se decía, también, que los cristianos, en sus luchas con moros y turcos, perdieron muchas batallas en martes (pero si echamos mano de los libros de historia, podemos comprobar que también perdieron muchas batallas, en lunes, en miércoles, en viernes…).

c) Elegir el día de la maranza dependiendo de las fases lunares

Otro aspecto, que también carece de una clara explicación, es la elección de la fecha dependiendo de la fase en que se encuentre la luna.
No hay un acuerdo unánime sobre este asunto ya que unos recomiendan no matar en luna nueva y otros, en cambio, desaconsejan hacerlo en  luna vieja (luna llena).

Los que desaconsejan hacer la matanza en luna llena,  afirman que la luz lunar, cuando incide directamente sobre la carne, ésta se aluna y, a consecuencia de ello,  mengua. Este efecto es muy dañino para en los embutidos  pues, si una vez dentro de la tripa, la carne  encoge, el espacio que queda  libre es ocupado por aire,  aumentando así las posibilidades de que éstos se estropeen y tengan mal sabor.
En cuanto a los jamones, ¿qué pensaríais si un jamón de de 8 kg encoge y se os queda sólo en 4? -¡cualquiera se arriesga a matar en luna llena! -

 Quienes defienden evitar hacerlo en luna nueva,  lo hacen basándose en que con la oscuridad ambiental, los espíritus malignos están más activos -si ya de por sí son malos, estas  oscuras noches invernales se vuelven más malos aún-  y con ello aumentan las probabilidades de que estropeen la matanza (no comprendo, muy bien, la inquina que muestran  estos espíritus hacia  la carne del cerdo, ni sus permanentes intentos de estropearla,  ¿quién sabe si son espíritus de personas que murieron por tener el colesterol alto, y lo que pretenden, dañando la carne, es impedir que la comamos para evitar que nos suba a nosotros? ¡A ver si va a resultar que no son tan malos!)

 El hombre, desde los tiempos más remotos, ha vivido en la creencia de que algunos  hechos o aspectos, que afectan directamente a las personas, o a su entorno, están condicionados por los ciclos lunares; así, la abundancia de las  cosechas depende  de la fase lunar en que se realiza la siembra,  algunas enfermedades mentales,  el color del pelo -los albinos ¿nacen? todos en fase de luna llena-, el sexo de los hijos -se decía que el que quiera tener una niña debe "encargarla” en cuarto menguante­, y si lo que desea es  niño, debe poner "manos a la obra" en cuarto creciente-

La realidad es que se han hecho estudios intentando averiguar si las fases lunares ejercen algún tipo de influencia sobre estos hechos y comportamientos y, en todos ellos, los resultados obtenidos han demostrado la falta de veracidad de todas estas creencias.
 De todos modos, si alguno es  supersticioso, y tiene dudas respecto a la conveniencia de  hacer la matanza en luna nueva, o en luna llena,  no tiene por qué complicarse la vida:  puede hacerlo en el cuarto creciente, o  en el menguante. 


d)  ¡Cuidado con las mujeres si están con la menstruación!

    Una creencia muy arraigada es la que afirma que las mujeres, estando en esta fase de su ciclo, deben evitar manipular  la carne de la matanza; ya que, si lo hacen, existen muchas posibilidades  de que se estropee. 
  Al ser ellas, habitualmente, las encargadas de adobar y amasar la carne, en artesas y barreños, para hacer los embutidos; cuando se daba la circunstancia de que la dueña de la matanza estaba con la menstruación, o se cambiaba la fecha para hacer la matanza,  o tenía que invitar a algún familiar cercano, del sexo femenino, que estuviera libre de “dicha circunstancia”, para sustituirla en esta labor. También podían contratar a alguna matancera para que fuese ella quien se encargara de adobar la carne -las matanceras eran mujeres a las que se les contrataba para ayudar en las faenas de la matanza-

   Es ésta, otra superstición más que no tiene fundamento alguno, de la que encontramos referencias incluso en la Biblia. El Levítico (15:19), habla de ello; también, la Ley de Moisés establecía determinadas limitaciones a la mujer durante el periodo menstrual porque “estaba impura”
   De todas formas, los cristianos de pro, en ningún momento defienden ese extremo e indican que, con la aparición del cristianismo, la Ley de Moisés fue abolida y no nos atañe en absoluto, también defienden que ninguno de los libros del Nuevo Testamento  refleja nada sobre la pureza o impureza  de la mujer durante su período menstrual -si hay algún desconfíado que no se crea lo del Nuevo Testamento, que lea todos esos libros y después nos lo confirme-.
   Los tiempos cambian y, como las costumbres también evolucionan, hoy día, las mujeres afrontan, “este problema” de diversas formas.
   Algunas, haciendo caso omiso de esta absurda superstición,  intervienen en todas las labores propias de la matanza y ésta sale estupenda.
  Otras, en cambio, aceptan que la superstición es real y  aprovechan este argumento ante su marido, o pareja, afirmando que, ya que ellos están libres de ciclos menstruales, son las personas idóneas para ocuparse de preparar la carne para embutirla. Ante este dilema, todos ellos declinan la invitación prefiriendo que sigan siendo ellas las encargadas de realizar esta labor, alegando que "otra superstición de mayor rango", no sabemos si con el apoyo o no de La Biblia, afirma que los varones tienen absolutamente prohibido adobar la carne pues, si lo hicieran, entonces sería cuando la matanza sí que correría un serio peligro de no acabar bien.

e)  La carne no podía estar expuesta a las corrientes de aire

  Cuando hace frío y llega un vientecillo caliente y suave,  conforta el cuerpo y decimos que ha llegado "un ángel";  en cambio,   cuando  la corriente es de aire frío, lo que sentimos es una sensación desagradable, un malestar; esto es debido  a que,  con estas corrientes de aire frío quienes llegan, en vez de ser ángeles, son espíritus malvados, y, si es día de matanza, a qué otra cosa pueden venir sino a estropearla y fastidiar  a los dueños de los cerdos.
   Durante los meses fríos, en las casas, si las puertas y ventanas permanecen abiertas sólo pueden entrar  corrientes de aire frío -que son las malas-;  por ello, hay que mantener especial cuidado para evitar exponer la carne del cerdo a las mismas.  
 
   Estamos ante otra superstición más, carente de todo fundamento. Las corrientes de aire frío, si a alguna carne le sienta mal es a la de los matanceros. A muchos les producen  dolor de espalda, refriados, sabañones...     
 
f)  Hacer una cruz sobre las chichas adobadas y un sahumerio en la entrada de la casa

    En el anterior apartado se indicaba la conveniencia de evitar las corrientes de aire frío porque traen los malos espíritus; pero,  en pleno invierno,  ello es prácticamente imposible -si alguna corriente entra desde la calle, sólo puede ser de aire frío-. Afortunadamente, si a pesar de todos los esfuerzos, éstos espíritus malogradores de matanzas consiguen entrar en los domicilios,  disponemos de “poderosas armas” para combatirlos. 
   Una medida de protección era  dibujar con el dedo una cruz sobre las chichas de la carne, una vez adobadas.  Este acto tiene  una clara influencia cristiana y "está muy justificado". Si desde la antigüedad se le pedía a los espíritus benignos,  y otros dioses paganos, que protegieran la matanza; cómo no a hacerlo a nuestro Dios, que es el bueno.

   Otro acto, que se realizaba el día de la matanza, por la noche,  era hacer en la entrada, o umbral de la casa, una pequeña hoguera, en un recipiente, a modo de sahumerio, en la que se quemaban  cosas que producían un humo muy denso y que desprendían a la vez un olor pestilente, con el fin de ahuyentar a algún posible espíritu que se hubiera colado en la casa con intenciones aviesas.

g) Arrojar piedras y cacharros viejos en las puertas de las casas donde había matanza

   Los días de matanza,  al llegar la noche, amparándose en la oscuridad para no ser reconocidos, los chavales del barrio tiraban piedras o cacharros viejos contra la puerta de aquellas casas donde ese día hubieran sido sacrificados los cerdos; un hecho que ocasionó más de un disgusto pues, antes, la mayoría de las puertas tenían un batiente superior y otro inferior; el superior, en ocasiones, estaba entreabierto y  los proyectiles acababan dentro del domicilio, alcanzando a alguno de sus moradores. 

   Seguramente, algunos antropólogos pueden considerar  que este acto, en sus inicios, también encerraba algo de magia, y que también tenía un fin "protector". Del mismo modo que decimos “en boca cerrada no entran moscas”;  las piedras, contra la puerta, era un modo de recordar a los dueños de la matanza que era necesario mantenerla cerrada, para evitar que los espíritus entraran en estas casas; pues, si permanecía abierta, no sabemos si los espíritus entrarían, pero, lo que sí estaba  asegurado es que las piedras acababan dentro de la casa (los espíritus serían imaginarios, pero las piedras era muy reales).
 
   Como alternativa a la anterior teoría, la que defiende que estropear las puertas a pedradas tenía un "fin protector", existe otra explicación menos rebuscada que está relacionada, nada menos que, con el “pecado nacional”: La envidia
   Durante los días de matanza, los dueños del cerdo/s, en un plato, distribuían entre la familia,  algunos vecinos y amigos, “El Presente, unas cuantas tajadas del cerdo, para hacer a todos ellos partícipes de la carne. Se trataba de regalos de ida y vuelta ya que, cuando los destinatarios del este presente mataran sus cerdos, ellos, a su vez,  les harían también partícipes de algunos productos de su matanza.
   Aquellas familias que eran vecinas de los matanceros, pero con las que no existían los suficientes lazos de amistad para recibir estos regalos ; sus hijos vengaban la afrenta de no ser merecedores de este obsequio, y, para hacer notar a los dueños de la matanza, que se habían olvidado de  algunos vecinos, con o sin conocimiento de los padres, los muchachos salían a tirar piedras y cacharros viejos contra las puertas de las familias que, habiendo matado aquel día, no les habían obsequiado a ellos.

h)  Bailar las morcillas

   El primer día de la matanza, al llegar la noche, una vez que decidían concluir las tareas, llegaba la hora de cenar; cena a la que los dueños de la casa invitaban a aquellos familiares y amigos que les habían ayudado en los muchos quehaceres que conllevaba  esta primera jornada de trabajo.
   Era un rato muy agradable. Un merecido descanso tras realizar las múltiples faenas del día: cenando, rodeado de amigos, al calor de la lumbre o del brasero, probando productos frescos del cerdo, acompañándolo por buen vino de la tierra... era un momento feliz, 
   La felicidad, como estado de permanente de bienestar, realmente no existe; a lo sumo, lo que encontramos en la vida son momentos felices, y éste cumplía todos los criterios para ser uno de ellos.
   Eran ratos propicios para la chanza y las bromas; a medida que avanzaba la cena, la gente bebía más, se animaba más, y esto casi siempre acababa con un baile: “El Baile de las Morcillas”.
  Los asistentes cantaban una canción y  alguien, generalmente, los dueños de la matanza, debía iniciar la danza, continuando haciéndolo, después, sucesivamente, el resto de los asistentes; tanto adultos como niños. No se libraba nadie. 
   Siempre había alguno  a quien no le gustaba bailar, que se hacía el  remolón,  pero el resto de la gente se metía con él  y terminaba haciéndolo para evitar el escarnio de los demás.
  El baile, en sí, era una jota; la cantaban todos los asistentes, acompañándose de instrumentos de percusión: cucharas, tapaderas, botella de anís, y todo lo que se le ocurriera y tuvieran a mano, y se  bailaba individualmente, o por parejas.

   Las morcillas, generalmente, al finalizar el primer día de la matanza, ya están hechas y, casi siempre, colgadas de la chimenea o del techo de la cocina. Quizá, por eso se llame “Baile de las Morcillas”, pues era un producto que, habitualmente, ya estaba totalmente elaborado al final del primer día. El resto de la matanza, aunque ya estuviera  preparada, el procesado de la misma continuaba a lo largo de los días sucesivos.
 
   Este baile, en sus inicios,  tenía un fin serio; se trataba de un antiquísimo ritual de magia, anterior al cristianismo,  con el que se pedía a algún dios pagano que protegiese no sólo a las morcillas, sino a toda la matanza en general, para que no se estropease en su largo proceso de curación.
   Con el tiempo, fue perdiendo el sentido mágico original, y, acabó convirtiéndose en una parte más del jolgorio ya que la matanza, en esencia,  era una auténtica fiesta familiar.

  (Aunque, en los tiempos actuales, ya nadie piensa que haya que hacer rituales mágicos para que los dioses protejan la matanza, la magia sigue existiendo. Ya me diréis, si no es auténtica  magia que un animal, que ha vivido entre barro, paja y  agua sucia, y que ha comido todo lo que se le pone por delante, nos proporcione unos productos tan exquisitos).




                                                    

2 comentarios:

  1. José: Vaya lección magistral que sobre la magia y esoterismo, llena de buen y agudo humor, nos regalas sobre las matanzas tradicionales del cerdo y más cocretamente en nuestras tierras. A los avanzados de edad (viejos), nos haces recordar cómo se celebraban en nuestro pueblo y algunas de sus costumbres. Mira por dónde sabemos ahora, por qué en La Zarza se iba a “tirar la teja” a la puerta de aquella casa o casas que estaban de matanza. Estar de matanza era motivo para no acudir ese o esos días a la escuela. –Pepito, preguntaba el maestro: Ayer no asististe a escuela- Es que estuve de matanza. (sic). Las rancheras, a cual más grande o más altas llegaban sus llamas a base de zarzales secos reunidos para la ocasión…¡Cuantas tradiciones, leyendas y ritos en torno a las matanzas!.
    Este tema, como ya otros anteriores, forman parte en nuestro apartado fijo en la página desde los comienzos, que José Manuel Martín García nos envió en su día, con un resumen de la vida en nuestro pueblo en el último siglo. El apartado que me refiero es: “Nuestro mundo” con varios temas. En el dedicado a LA MATANZA, queda enlazado este texto, así como otros anteriores tuyos y de Félix Carreto sobre la matanza. Gracias a todos, por hacer cada vez más grande en contenidos nuestra güeb, que dicho sea de paso, acaba de cumplir el pasado día 22, los diecisiete años de su aparición en Internet. Así pues, hemos entrado en el año 18 de su permanencia en la red. La cantidad de información que hay en ella y vuestros blogs, es impresionante. Me doy cuenta cada vez que voy a algún apartado, ya olvidado, a ver o enlazar algo, como en este caso.

    Dirección del apartado citado: http://www.zarzadepumareda.es/histor7.htm

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  2. Hola Manolo. Me alegra que esta entrada te haya traído recuerdos agradables. Para los que hemos cumplido los quince, hace ya bastante tiempo, todo esto lo vivimos en primera persona ya que, entonces, las matanzas eran algo habitual en nuestras casas,donde se hacían por pura necesidad. En cambio hoy, ya ves , son fiestas organizadas por los ayuntamientos para que quienes no las conocieron sepan de qué iba la cosa. Son matanzas descafeinadas, pero bueno, está bien que se celebren.

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